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Rodando Cine | 17 octubre, 2017

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Traficante de Lágrimas, acción a la francesa

Traficante de Lágrimas
alejandralomeli
  • Traficante de Lágrimas es una aproximación atípica al género de acción ya que se atreve a llegar a terrenos propios de la ciencia ficción

  • Traficante de Lágrimas es una película que se cocina a fuego lento, no abusa de la inmediatez ni de las secuencias de acción

Traficante de Lágrimas

Siempre resulta estimulante observar cómo son manejados ciertos géneros cinematográficos lejos del trepidante estilo hollywoodense, más si este es uno de los que más ha explotado la meca de la cinematografía mundial, este es el caso de Traficante de Lágrimas (La Confrérie des Larmes), una producción francesa que podría considerarse como un thriller de acción, sin embargo, el filme de Jean-Baptiste Andrea es una aproximación atípica ya que se atreve a llegar a terrenos propios de la ciencia ficción, algo que maneja muy bien su compatriota Luc Besson.

Cierto es que su director no busca que se considere a Traficante de Lágrimas como una “película francesa”, o por lo menos de la forma más o menos generalizada que se tiene sobre el cine de aquel país porque si bien este thriller protagonizado por Jérémie Renier es de manufactura cien por ciento gala, los temas tocados en Traficante de Lágrimas no se acercan a los temas sociales o a las visiones comprometidas de otros cineastas: este es cine francés para entretener y emocionar.

Traficante de Lágrimas

Traficante de Lágrimas sigue a Gabriel (Renier) un ex policía que se retira después de sufrir una tragedia personal y a quien se le dificulta llevar a término las cosas y con una hija a cargo. Un día, un conocido le ofrece un empleo extremadamente bien pagado, si acepta, Gabriel tendrá que viajar alrededor del mundo entregando portafolios a socios anónimos. Los términos del contrato son muy claros: Nunca, bajo ninguna circunstancia debe hacer preguntas sobre el contenido de los portafolios y jamás debe intentar abrirlos.

En palabras del director:

La idea del título, Traficante de Lágrimas, surgió de este objeto, cuya identidad no puedo revelar. Me gusta la idea enigmática y poética que permite fantasear. El título en sí mismo debía ser intrigante y prometer una historia deliberadamente loca. Traficante de Lágrimas es principalmente una película sobre la locura. No encaja en ningún género específico. Por ejemplo, el final no pretende ser una explicación, sino una sugerencia de muchas emociones. La intriga toca cierto número de mitos sin que sea necesaria una aclaración.

-Jean-Baptiste Andrea

Traficante de Lágrimas

Rodando Cine opina:

Traficante de Lágrimas es una película que se cocina a fuego lento, la intriga es parte fundamental para empujar persecuciones y desesperantes carreras por la ciudad de París, su gran acierto radica en presentar a un protagonista con pasado pero prácticamente desnudo porque sin valerse de flashbacks, Jean-Baptiste Andrea da pautas al espectador sobre el tormentoso pasado de Gabriel.

Atípica en su estructura, Traficante de Lágrimas no abusa de la inmediatez ni de las secuencias de acción, el ritmo de su desarrollo depende en gran medida de la premura o calma del protagonista, de sus fracasos y descubrimientos, en este sentido la música crea atmósferas cautivantes que se acompañan de una iluminación y un estilo visual hipnótico, lo que ayuda a desclasificar a esta cinta en un solo género.

Quizás lo único que resta a este curioso argumento es un punto climático ambiguo, la explicación del porqué de estos maletines es confusa lo que hace que Traficante de Lágrimas pierda el impacto en términos de misterio, de igual forma hará que el tema de la supuesta “hermandad” más cerca a los términos de una secta, se sienta inverosímil por ser poco trabajado argumentalmente.

Por: Aurora Alejandra Lomelí Pérez (@alejandraurora)