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Crítica: Nuestra Pequeña Hermana, un tributo a la hermandad

Nuestra Pequeña Hermana
  • Nuestra Pequeña Hermana continúa explorando las temáticas obsesivas de Hirokazu Kore-eda: los lazos familiares, sus rupturas y sus reconfiguraciones

  • Nuestra Pequeña Hermana resalta por la presteza de Kore-eda para desenmarañar una historia cargada de generosidad y emotividad

Nuestra Pequeña Hermana

No es un misterio que las claves del cine de Hirokazu Kore-eda sean las temáticas familiares, el cineasta japonés que ha emergido como uno de los consentidos de los grandes festivales de cine y como el principal heredero de Yazujiro Ozu y Kon Ichikawa, excepcionales cineastas que extraían la poesía de la cotidianidad, vuelve los pasos sobre sus obsesiones en su más reciente filme Nuestra Pequeña Hermana (Kamakura Diary, 2015), y aunque argumentalmente independientes uno de otro, continuación temática directa de su anterior trabajo, la conmovedora y dura De Tal Padre, Tal Hijo (2013), Premio del Jurado del Festival de Cine de Cannes de 2013.

Kore-eda es un preciosista de lo cotidiano y del costumbrismo, al igual que en De tal Padre, tal Hijo en Nuestra Pequeña Hermana el director aborda la complejidad de los lazos familiares, sus rupturas y sus reconfiguraciones resultantes de relaciones maritales fracasadas, abordadas a través de un estilo espontáneo y naturalista cuya aparente simpleza sirve para equilibrar el embrollo dramático y el golpe emocional de sus personajes, nuevamente, el director deconstruye el modelo convencional de familia para hablar de su expansión, del parentesco y la hermandad donde el peso de la sangre vale más allá del contrato.

En Nuestra Pequeña Hermana, tres hermanas conocerán tras la muerte de su padre (quien las abandonó cuando aún eran muy pequeñas) a su hermanastra Suzu, una simpática y madura adolescente a quien invitarán a vivir con ellas, momento que servirá para dinamitar viejas rencillas y resentimientos de las hijas hacia sus respectivos padres.

La premisa de Nuestra Pequeña Hermana no es nada fácil si aportamos más información del conflicto: la madre de Suzu también murió y quedaría al cuidado de su madrastra, quien a su vez tiene un hijo de otra relación pasada, aquí es donde el talento de Kore-eda sale a relucir ya que en esta maraña de relaciones presenta a sus personajes de forma creíble a través de una serie de conversaciones casuales que revelan el parentesco que guarda cada cual, sirviendo para plantear en escasos minutos y desde la primera escena, el conflicto dramático sobre el cual se desarrollará el filme.

Nuestra Pequeña Hermana

Kore-eda llena a Nuestra Pequeña Hermana de viñetas domesticas y registra con su cámara momentos de intimidad desbordante para conocer la vida personal de cada una de las cuatro hermanas y sus relaciones amorosas, pero también dedica la mayor parte del tiempo a retratar la hermandad a través de una visión tierna y sentimental reforzada por los poquísimos atisbos musicales cuya aparición sirve para reforzar el vínculo entre ellas.

Primero mostrando la forma en que Suzu se instala en su nuevo hogar y la dinámica que crea con sus hermanas, Nuestra Pequeña Hermana desarrolla su trama con una ligereza que se antoja ajena al conflicto, sin embargo este se mantiene latente a pesar de las escenas donde las hermanas evocan buenos recuerdos familiares ya que todo en Nuestra Pequeña Hermana revela los daños colaterales de las decisiones de los padres, de esta forma poco a poco el relato muta para exponer las crisis y los resentimientos.

Muy a pesar de sus intenciones, Kore-eda abre muchas subtramas en su afán por agotar las aristas del conflicto, las cuales no tendrán un peso determinante para la historia, además de darles relevancia a personajes secundarios que de repente se descubren como potenciales pero cuyo drama, muy poco trabajado durante el desarrollo, aparece demasiado tarde como  por ejemplo el de la dueña del restaurante. Estas situaciones acompañadas de los fundidos en negro que durante los últimos 20 minutos de Nuestra Pequeña Hermana se hacen recurrentes, hará que el desenlace se alargue, quizá no innecesariamente pero sí de forma poco eficaz para la dirección de Kore-eda quien evita en este tramo resumir o condensar las estampas familiares, quedando estas como los ornamentos en la sucesión de los días.

A pesar de estas vicisitudes, Nuestra Pequeña Hermana resalta por la presteza de Hirokazu Kore-eda para desenmarañar la historia, así como su exquisita y delicada aproximación a problemáticas emocionalmente dolorosas sin perder la alegría y el optimismo, abriendo la reflexión y mostrando otras formas de familia; Nuestra Pequeña Hermana es una película cargada de generosidad y emotividad.

Por: Aurora Alejandra Lomelí Pérez (@alejandraurora)

Nuestra Pequeña Hermana
Dirección:
Hirokazu Kore-eda
Guión: Hirokazu Kore-eda, basado en el manga homónimo escrito por Akimi Yoshida
Fotografía: Mikiya Takimoto
Actúan: Haruka Ayase, Masami Nagasawa, Suzu Hirose, Kaho, Ryo Kase
Fecha de estreno: 11 de marzo de 2016

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