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Rodando Cine | 26 septiembre, 2017

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Jauja, el paraíso de las almas perdidas

Jauja
alejandralomeli
  • Jauja de Lisandro Alonso, llega a la cartelera mexicana tras sus reconocimientos en diversos festivales, incluido el FIPRESCI de la sección Una Cierta Mirada 2014

  • Jauja es un metafórico y simbólico relato donde el pasado y el futuro se desvanecen

Jauja

 

Jauja, el quinto largometraje del director argentino Lisandro Alonso, es un metafórico y simbólico relato donde el pasado y el futuro se desvanecen para sustentar la travesía que un padre realiza para encontrar a su hija en un territorio supuestamente benévolo y abundante. Alonso seguirá a un hombre solitario inmerso en la Pampa sudamericana enfrentado no sólo al poder de la naturaleza, sino a la propia desolación del espíritu humano.

Estrenada en la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cine de Cannes 2014, donde obtuvo el premio FIPRESCI, el director recoge una antigua leyenda de la Pampa argentina para desarrollar la historia de Jauja, filme en el que por primera vez trabaja con actores profesionales con carrera en teatro, cine y televisión; estelarizándola nada más y nada menos que el actor Viggo Mortensen (El Señor de los Anillos, Promesas de Oriete, Un Método Peligroso).

Mortensen, quien además es productor de Jauja, interpreta al capitán Gunnar Dinesen quien llega desde Dinamarca en compañía de su hija de 15 años Ingeborg, a un puesto militar ubicado en la árida, mística y solitaria región. La acción inicia cuando la joven, quien se ha enamorado de un soldado raso del bando enemigo, huye con él en medio de la noche en busca del paraíso prometido de Jauja.

Además de actuar y producir, Mortensen es el responsable de la banda sonora de Jauja junto con una de las mayores leyendas de la escena musical independiente del rock estadounidense, el guitarrista y multi-instrumentista Buckethead, con quien ya había lanzado, en 2011, el álbum Reunion (TDRS Music), y con el que ahora compuso algunos temas en conjunto que sirven para complementar los momentos de transición en el filme, de extraños tintes históricos –ocurre en pleno ocaso decimonónico, en la Argentina de 1888–, pero al mismo tiempo otorgan el suficiente aroma de misterio y de inexactitud en la ubicación sonora, que acompaña al relato fílmico.

Jauja

Pues Jauja es una cinta que refleja y no, una época, un momento, un estado austral en el que los aventureros solían aventurarse en pos de la promesa dorada de la riqueza y la abundancia inagotable, pero, a diferencia de El Dorado, lo que el aventurero encontraba no era una fuente interminable de oro, sino de placeres, de sibaritas que hallaban, completada, su perfecta ambición de los placeres y la vida fácil, reunidas. Es el propio Lisandro Alonso quien lo explica en el argumento oficial del filme:

Los Antiguos decían que Jauja era una tierra mitológica llena de abundancia y felicidad. Muchas expediciones buscaron el lugar para corroborarlo. Con el tiempo, la leyenda creció de manera desproporcionada. Sin duda la gente exageraba, como siempre. Lo único que se sabe con certeza es que todos los que intentaron encontrar ese paraíso terrenal se perdieron en el camino.”

Pero esta Jauja no se encuentra geográficamente en la región de Junín, en el Perú central, sino que se encuentra muy ubicuamente en un muy lejano punto de la Pampa argentina, esa región propia de gauchos y de aventureros que se hallan a la búsqueda de su destino, de su fortuna en el Nuevo Mundo, que todavía significaba la parte final del sueño que significó el mito de El Dorado, ubicado en la Amazonia.

Jauja,

Filmada en extraordinarios escenarios naturales y con vestuarios de época, Jauja se convierte, asimismo, en un catálogo de las posibilidades del estudio Splendor Omnia, que Carlos Reygadas mantiene en el estado mexicano Morelos pues los colores brillantes y muy contrastados, hacen que la magnífica fotografía de Timo Salminen, la vuelva una intrigante propuesta en formato cuadrado, cuyas puntas aparecen redondeadas, justo a la manera de los viejos formatos de cine casero, pues fue filmada con película Kodak y tratada de una manera que ofrece colores absolutamente radiantes e incluso más allá de toda percepción natural, en una saturación absoluta que le da a los paisajes un tinte sobrenatural, mágico y misterioso.

Jauja

Pues al final, los valores cinematográficos de Alonso se encuentran, más allá de en una historia convencional, de narrativa cuadrada y directa, en la exploración íntima de los personajes, abandonados de sí mismos, en la inmensidad inabarcable de las grandes extensiones al norte de la capital bonaerense, con la historia de un inmigrante, como la mayoría de los actuales habitantes de la Argentina, que atraviesa un muy extraordinario transcurso de tiempo, en el que sufre la cárcel, atraviesa las grandes regiones con su hija quinceañera, que acaba por huir, enamorada, con un soldado natural de la región, para extraviarse en una región indómita, para la que ni su uniforme y vestidos, ni las malas tretas de los habitantes originarios, ni sus caballos criollos y menos su mentalidad, les permiten sobrevivir, para hacer de la búsqueda de su hija una empresa no sólo imposible sino fantástica, que acabará por trasladarse a la Dinamarca actual, en una historia de narrativa no convencional que perturbará al público.

El origen de tan compleja historia, en realidad, es muy simple: “Hace algunos años, recibí un correo electrónico para contarme que una amiga había sido asesinada lejos del lugar donde había nacido. Esta historia fue el punto de partida de toda la película”: la escritura de Jauja, la historia de la búsqueda solitaria de un hombre para encontrar a su hija, perdida en las lejanas estepas de la Patagonia, parte de este drama vivido por el autor. “Siguiendo los consejos de mi amiga, concedo un poco más de lugar a las palabras y a mi propio deseo”.

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