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Crítica Güeros de Alonso Ruizpalacios

Güeros
  • En Güeros, el viaje por la ciudad no es más que la metáfora por encontrar la identidad en esa casa llamada cuerpo

  • Güeros ganó el premio a la Mejor Ópera Prima en el Festival de Berlín en 2014

Güeros Alonso Ruizpalacios

Un efervescente movimiento estudiantil y la urgente búsqueda de un misterioso ídolo de la canción de protesta que fue leyenda en los contraculturales años 60 en México, son los detonantes sobre los que se construye Güeros, ópera prima de Alonso Ruizpalacios; elementos simbólicos por su repercusión en la pequeña hermandad en torno a la cual gira la historia de Güeros y cuya presencia es eso, “detonantes” que subordinan la acción de unos personajes, a veces adormecidos, a veces activos.

Güeros nos presenta a Sombra (Tenoch Huerta) y Santos (Leonardo Ortizgris), dos jóvenes estudiantes cuyas vidas están pausadas a raíz de la huelga en la UNAM. Sin embargo, la llegada de Tomás (Sebastián Aguirre), hermano menor de Sombra, los llevará a salir de su estancamiento con la intención de encontrar a Epigmenio Cruz, un mítico cantante que escuchaban cuando eran niños y cuyo paradero es desconocido desde hace mucho tiempo; travesía a la que se les une Ana (Ilse Salas).

Con una fotografía en blanco y negro, canciones interpretadas por Agustín Lara y reinterpretadas por Natalia Lafourcade, así como temas de Toña la Negra y Juan Gabriel, Güeros despide un airecillo nostálgico pero cercano, un choque atemporal que le sienta muy bien a una anécdota igualmente trasgresora e impredecible.

Su ritmo vertiginoso que en medio de los arrebatos busca la calma en un intento por imitar las impulsivas decisiones de Sombra y Santos, así como su comportamiento monótono y aletargado, cuya dinámica se ve transformada con la llegada de Tomás, hacen de Güeros una delirante propuesta de contrastes discursivos y ambigüedades formales.

Güeros de Alonso Ruizpalacios

Ruizpalacios manipula la temporalidad para contextualizar el argumento de Güeros en una dimensión imperecedera en un intento por apuntar a ciertas constantes inherentes al “ser joven” (suposición mucho más osada al aludir a ser joven pero en México), características que más allá de tener un espacio y tiempo definidos, pertenecen (en toda la connotación de la palabra) a un momento de vida sin fecha de caducidad, por ello resulta sobresalientemente coherente el blanco y negro, la pantalla cuadrada, los encuadres idealizando la imagen y las intervenciones musicales, recursos que explotan al máximo todas las posibilidades metafóricas de un relato sencillo, ensamblado con sucesos que más allá de su peso, tienen la acertada como rara virtud de ser la escusa perfecta para desenmarañar el corazón de la historia.

Hay en Güeros una intento por remarcar la presencia de la ciudad de México, un ciudad construida de/sobre ciudades, con una dinámica y contrastes propios en la que habitan morenos y  güeros… naturales, artificiales y principalmente, mucho wannabe.

Güeros Alonso Ruizpalacios

Así como la puesta en escena y su narrativa son dignas de reconocimiento, Güeros también destaca por el trabajo interpretativo del cuarteto protagónico y por su deliciosa química en pantalla como resultado de una buena dirección de actores en la que las acciones entre Sombra, Santos, Tomás y Ana se suceden de forma ágil y fresca, envolviendo diálogos mordaces y certeros sobre un entorno social, educativo, cultural e incluso cinematográfico que se siente muy actual.

En este venturoso intento por transgredir, Ruizpalacios todavía se da tiempo para mofarse de sus personajes, pero mejor aún, de la forma en que se hace cine (otra vez, en México, de la misma forma que ocurre con el ideal de juventud), recurriendo a los ya señalados efectos formales y props discordantes, así como a la ruptura narrativa en los momentos dramáticos.

En Güeros, el viaje por la ciudad no es más que la metáfora por encontrar la identidad en esa casa llamada cuerpo porque al final del camino hay una transformación de los personajes, principalmente en Sombra y Tomás, en donde el movimiento es la respuesta, la unión y la esperanza.

Pero hay algo que logra sellar la complicidad del espectador con todo aquello que relata Güeros y eso es: “la increíble música que hizo llorar a Bob Dylan silenciada a propósito cada vez que se llega el momento de “oírla”. A título personal, me gusta pensar que este silencio está para ser llenado con aquella melodía que es el himno de vida de cada espectador.

Güeros es pura nostalgia posmoderna, sí, líneas paralelas que en la antítesis encuentra su sentido de grandeza.

 Por: Aurora Alejandra Lomelí Pérez (@alejandraurora)

Güeros
Dirección:
Alonso Ruizpalacios
Guión:
Alonso Ruizpalacios y Gibrán Portela
Fotografía:
Damián García
Música:
Tomás Barreiro
Actúan:
Tenoch Huerta, Sebastián Aguirre, Ilse Salas, Leonardo Ortizgris

Fecha de estreno: 20 de marzo de 2015

Güeros

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