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Rodando Cine | 26 septiembre, 2017

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“EL GRAN GATSBY” (“The Great Gatsby” de Baz Luhrmann, 2013).

“Who is this Gatsby?”, frase con la que “Nick Carraway” (Tobey Maguire) cuestiona la creciente fama que surge a su alrededor acerca de su misterioso vecino, el multimillonario que sólo unos cuantos afortunados han conocido en persona y que sin un objetivo claro brinda verdaderos bacanales en su lujosa mansión cada fin de semana, donde se reúne todo el jet set neoyorkino de la época (estrellas de cine, banqueros, políticos, empresarios, etc.).

Para resolver su inquietante duda, “Nick” recibe una invitación personal del mismo “Gatsby” para que acuda a una de sus fiestas, lo cual levanta aún más sus expectativas por saber quién es en realidad este enigmático personaje. El encuentro se da y “Carraway” queda embelesado ante la presencia de “Jay Gatsby” (Leonardo DiCaprio) (“Su sonrisa es una de esas extrañas que logras ver cuatro o cinco veces en la vida; parecía entenderte y creer en ti justo como quisieras que te entendieran y creyeran”). A partir de entonces entablarán una creciente amistad donde subyace la real intención de “Gatsby” por acercarse a “Nick”: reiniciar su relación amorosa con “Daisy Buchanan” (Carey Mulligan), amorío terminado abruptamente cinco años atrás.

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Aprovechando el parentesco entre “Daisy” y “Nick” (ambos son primos), “Gatsby” concerta tras bambalinas un reencuentro con ella en casa de “Carraway”. Ella, sin saber de la presencia de “Jay”, asiste a la casa de su primo para platicar y tomar el té. Una vez ahí, “Gatsby” hace su aparición ante la sorpresa de “Daisy”. Superado el nervio inicial, conversarán amenamente y se darán cuenta que en realidad se siguen amando intensamente. Es entonces que se detona la trama, el nudo dramático de la historia, ya que “Daisy” pertenece a otro hombre, diametralmente opuesto a “Jay Gatsby”, “Tom Buchanan” (Joel Edgerton), un hombre práctico y tosco en sus maneras, que hará todo lo posible por arruinar los planes de “Gatsby”.

Baz Luhrmann (“Moulin Rouge!”, “Australia”), nos trae esta historia basada en el libro homónimo de F. Scott Fitzgerald, que se publicó en 1925. Contextualizada en la época del charlestón (“los locos años veinte”) y el jazz (Louis Armstrong), Luhrmann logra una impresionante recreación de la época; con una hermosa fotografía que corrió a cargo de Simon Duggan; una dirección artística (“el espacio donde transcurre el tiempo del film”) sublime, responsabilidad de Damien Drew, Ian Gracie y Michael Turner; y una soberbia decoración de set en manos de Beverly Dunn, Baz deja maravillado al espectador. Este cineasta siempre se ha destacado en estos renglones y también los ha hecho acompañar por música de la época recombinada con acordes modernos (para muestra ahí están Jay-Z y Beyoncé) o al revés si también se quiere, algo que hizo previamente con “Moulin Rouge!”(2001).

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Aunque en esta ocasión la música sólo complementa los fotogramas visuales de la historia y no funcionan como contrapuntos dramáticos excepcionales (por ejemplo, esperaba más del “Back To Black” con Beyoncé, pero en fin). Y ya entrados en los puntos flacos de este discurso cinematográfico de Baz Luhrmann, hablemos de las actuaciones de sus principales protagonistas.

Iniciando con Carey Mulligan. Baz se ha quedado corto con esta actriz, quien no llena los zapatos de “Daisy Buchanan”, según el mismo F. Scott Fitzgerald: “Su calidez dejaba sin aliento. Te hacía creer que quería verte a ti más que a nadie en el mundo”. Sin aliento no te deja precisamente. Aunque afectuosa en su papel, Carey no tiene una belleza arrebatadora y además no cuenta con una mirada que envuelva, de esas que te atrapan en un segundo y no te dejan ir. Buen esfuerzo, pero Mulligan se quedó a medias.

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Leonardo DiCaprio. Un acierto si se quiere ver el lado de la taquilla. Aparte del poder mediático de Leonardo, Luhrmann apostó por este actor debido al buen nombre que tiene por su encomiable labor histriónica de los últimos años. Y DiCaprio estuvo cerca de lago grande, sin embargo se quedó a unos buenos metros de una actuación memorable. Leonardo se preocupa más por las maneras del personaje que no lo vibra; más por la carrocería que por el motor; más por la cáscara que por la pulpa; más por el matraz que por la sustancia; más por la forma que por el fondo. DiCaprio no abraza al personaje, sólo lo contempla. Faltó la mano de Scorsese para sacarle lo mejor al originario de Los Angeles, California, como en “El Aviador” (2004); o un papel hecho más a su medida, como en “Diamantes de sangre” (2006).

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¿Y qué podemos decir de Tobey Maguire? Pues que Tobey sigue siendo Tobey. Su ya clásica mirada cristalina llena de sorpresa y asombro (por sus grandes ojos) continúa siendo el sello de la casa y no va más allá de eso. Su registro actoral semeja al de un cadáver: cero picos que den señales de vida.

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Más que un tema tratado de manera cuasi onírica, que por momentos fue una brillante intención de Baz Luhrmann en este film (“sabía que su mente nunca volvería a ser libre de volar como la mente de Dios”), el director de “Romeo y Julieta de William Shakespeare” nos asesta un bien facturado (y solemne) melodrama, donde esa esperanza y fascinación por el pasado que tiene “Gatsby” no son transmitidos de manera certera al espectador, sino que más bien se pierden en los entretelones del drama de la pareja principal, como si se tratara de un culebrón telenovelero. Se dispersa y se diluye, por ende, ese añorado propósito de remitirnos perennemente  hacia el pasado de una manera mágica, emotiva y feliz.

Publicado por Miguel Eduardo Chang Bustamante.

jenchiuchang_1923@hotmail.com

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