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Rodando Cine | 26 septiembre, 2017

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Crítica Lovelace: Garganta Profunda

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Review Overview

Faltó valor

3 de 5

 

Linda Lovelace es el objeto central de Lovelace, película realizada por Rob Epstein y Jeffrey Friedman, resulta ser una biopic bastante ligera de lo que fue la impactante y triste vida de Linda

 

critica lovelace

 

Por: Aurora Alejandra Lomelí Pérez

(@alejandra_diva)

Para Linda Lovelace (nacida Lina Boreman) la vida no fue nada fácil, menos aún cuando se convirtió en el mito erótico de los años 70 gracias a la película Garganta Profunda (Deep Throat / Gerard Damiano /EUA / 1972), su único protagónico en la cinta que es un hito en la historia de la industria cinematográfica al ser la primera película que trascendió las salas de cine XXX al cine comercial; un éxito de la propaganda boca a boca.

Linda Lovelace es el objeto central de Lovelace, película realizada por Rob Epstein y Jeffrey Friedman, resulta ser una biopic bastante ligera de lo que fue la impactante y triste vida de Linda (Amanda Seyfried) así como su turbia incursión en la naciente industria pornográfica estadounidense.

Haciendo uso de los flashbacks y flashforward, la película se divide en tres partes unidas por sus constantes saltos en el tiempo. Esta estructura formal es arriesgada y acertada porque de poco en poco, los directores van mostrando al espectador los represores pasajes que vivió Linda en su adolescencia con una madre castrante (Sharon Stone) y una figura paterna nula (Robert Patrick), siguiendo su relación con Chuck Traynor (Peter Sarsgaard) al mismo tiempo que se convertía en la famosa actriz porno para finalmente mostrar el momento en que Linda busca redimirse.

Un bien elaborado diseño de producción que nos sitúa en los excéntricos años 70, reforzado con la textura granulada de su fotografía, sirven para mostrar la parte glamurosa de la fama, el éxito y el idílio fugaz que vivió la actriz al convertirse en la mujer más deseada del momento mientras los directores van insertando a través de pequeños detalles visuales, gestos de personajes y diálogos crípticos, la pesadilla que vivía la actriz al lado de su marido, pequeños detalles ocultos durante la primera parte del filme que constituyen el preámbulo para que la película camine por una senda oscura y turbia en su segunda parte en donde la retorcida avaricia y la ingenuidad, pintarán el resto del metraje.

Pero la belleza de su fotografía y su buena factura de producción son insuficientes para una película que le faltó “carnita”, a la que le tembló la mano para tan siquiera empatar el nivel de violencia e infortunios que vivió Linda en la vorágine de la industria pornográfica. Sí, a Lovelace le hace falta crudeza, si bien se muestra en el filme los abusos que Linda recibía de su propio marido, así como la forma en que la regenteaba y dejaba que otros hombres la violaran, la película toma una postura muy superficial del infierno que supuso para la actriz ceder a las exigencias de un marido golpeador que la tenía siempre amenazada.

 

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Las escenas “fuertes” de las que Lovelace hace uso como aquella que da cuenta de la audición que realizó Linda para obtener el papel en “Garganta Profunda” y la exhibición de la grabación casera que Traynor muestra a los productores en la cual Linda le realiza una felación, resultan ser escenas sin valor gráfico que quedarán a la imaginación del espectador debido a que son fragmentadas por Epstein y Friedman, cayendo en una autocensura inconexa con el propio contexto al que la historia refiere (la liberación sexual, la naciente industria pornográfica, el mito erótico de Linda y sus habilidades [m]amatorias), lo que crea por un lado, un nulo valor dramático y por el otro, una deficiente conexión personaje-espectador.

Los tejes y manejes de la implacable industria pornográfica, un tema primordial en la vida de Linda Lovelace, queda solamente como el background de la película. De igual forma no se profundiza en las acciones de desprestigio y condenación que la industria ejercía sobre ella cuando transitaba por sus sets, desprecio que se intensificó cuando la actriz quiso limpiar su imagen y condenaba a la industria que la lanzó al estrellato.

Lovelace hace un excesivo acercamiento a Linda en su parte humana, así la exploración al personaje se centrará en la forma en que ella logra salir de su infierno y busca su redención pero deja de lado una de las partes más controvertidas de la actriz: sus ambigüedades. Amanda Seyfried se acerca a Linda sin juzgarla, la traza en sus momentos más frágiles y le otorga los matices necesarios a un personaje al que le faltó profundizar en sus recovecos y mas aún, en sacudir de forma más punzante la tormentosa relación que Linda llevó con su madre, una mujer retrógrada que se encargó de educar a su hija en la más férrea y ortodoxa tradición religiosa.

El talento actoral es el que sostiene la película, cada uno de ellos aporta la sustancia dramática que le faltó a la película: Sarsgaard entrega una interpretación poderosa como el inescrupuloso y vividor Traynor, un muy buen candidato a considerar en la próxima temporada de premios. Seyfried aporta lo mejor de su talento histriónico mientras Sharon Stone, irreconocible bajo capas y capas maquillaje en una muy buena caracterización, muestra una de sus mejores actuaciones como actriz de carácter.

Sin más, Lovelace es una película a la que le faltó valor para mostrar las desdichas que vivió la legendaria Linda Lovelace, que le faltó arrojo para mostrar su desesperación, su repudio a una industria a la que se vio obligada a pertenecer, una película que no se arriesgó y que olvidó mostrar los excesos de la pornografía setentera, el desenfreno sexual y los festines de drogas, máximas con las que el camino al edén del entretenimiento estaba plagado.

 

 

Lovelace – Lovelace: Garganta Profunda

Dirige: Rob Epstein y Jeffrey Friedman

Guión: Andy Berlin y Merritt Johnson

Fotografía: Eric Alan Edwards

Actúan: Amanda Seyfried, Peter Sarsgaard, Sharon Stone, Wes Bentley, Juno Temple, James Franco.

Estreno 20 de septiembre de 2013

 

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