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Rodando Cine | 19 Agosto, 2017

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Se va otro grande: muere Arthur C. Clark

Considerado como un visionario que se adelantó a su tiempo, muchas de las ideas vertidas por el escritor en sus novelas de ciencia ficción han sido retomadas o confirmadas por la ciencia actualEl escritor y divulgador científico de origen británico Arthur C. Clarke murió a los 90 años a consecuencia de una insuficiencia respiratoria en un hospital de Colombo, capital de Sri Lanka, donde vivía desde 1956.

Clarke se convirtió en un mito en 1968 gracias a 2001: Odisea del espacio, película dirigida y producida por Stanley Kubrick.

Aquel filme sobre la historia de la humanidad solo logró un Oscar, a los mejores efectos especiales, pero obtuvo un reconocimiento mayor con el paso de los años: el de obra maestra de la ciencia ficción.

El filme de Kubrick estaba inspirado en El centinela, novela de Arthur C. Clarke.

Cineasta y escritor trabajaron juntos en la creación de la película y un libro que explicaba muchas claves de aquella.

Nacido el 16 de diciembre de 1917 en Minehead (Inglaterra), fue desde niño un gran aficionado a la astronomía y en 1949 el apartamento en el que vivía en Londres se convirtió en el cuartel central de la Sociedad Interplanetaria Británica, de la cual fue su presidente.

Durante la segunda guerra mundial prestó servicio en la Real Fuerza Aérea y empezó a escribir estudios técnicos y obras de ciencia ficción, que no empezaría a publicar hasta acabada la contienda.

En 1969, cuando era considerado el principal profeta de la era espacial, Clarke se unió a la cadena de televisión estadounidense CBS para narrar junto al astronauta Wally Schirra la llegada de la misión Apolo a la Luna.

Una obra revolucionaria producto del genio combinado de Kubrick y el propio Clark

Además de ciencia ficción, Arthur C. Clarke escribió más de 100 obras científicas y filosóficas en las que trató de determinar el lugar del hombre en el Universo. También se le conoció por El fin de la infancia y Cita con Rama, que llevaron a los críticos a compararlo con Isaac Asimov y Robert Heinlein, los grandes maestros de la ciencia ficción.

El escritor, que sufrió el síndrome post polio muchos años, pasó la última etapa de su vida en una silla de ruedas.

En el 2000 recibió en Sri Lanka el título de Caballero del Reino Unido, ceremonia que se había postergado dos años después de que el sensacionalista The Sunday Mirror le acusara de pederastia.

El tono paternalista y humorístico de su narrativa, habitualmente para advertir a la humanidad de que está en pañales respecto a hipotéticas culturas superiores en otros puntos de la galaxia, le acompañó hasta el final.

“Aún espero una señal de E.T.”, dijo en diciembre en un vídeo divulgado por internet con motivo de su 90 cumpleaños.

Probablemente ya sabía que el dedo del extraterrestre de Spielberg lo estaba llamando. Y él, encantado, se ha dejado llevar.

Reflexiones Arthur C. Clark

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