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Se va otro grande: Michelangelo Antonioni

Michelangelo Antonioni

El director italiano Michelangelo Antonioni, que retrató la enajenación del mundo moderno en películas como Blow-Up y L’Avventura, falleció la tarde el lunes a los 94 años.

Antonioni abordó la enajenación mediante diálogos escasos y tomas prolongadas. Junto con Federico Fellini, contribuyó a alejar del movimiento neo-realista al cine italiano posterior a la Segunda Guerra Mundial y dirigirlo a un formato de creación personal.

Algunos definen a Antonioni como un clásico moderno, otros destacan que abrió nuevos caminos con sus innovaciones estéticas, e incluso le atribuyen un cambio de paradigma en la historia del cine.

“Bajo su mirada, realmente cada movimiento de cabeza, cada gesto, cada movimiento de la cámara, se vuelve algo necesario, inamovible, inconfundible”, opinó una vez sobre el Wim Wenders, quien no sólo lo conoció de cerca sino que trabajó codo a codo con el maestro italiano en 1995 en la filmación de Beyond the Clouds, una película de 4 episodios que prácticamente fue considerada su despedida; Antonioni había sufrido en 1984 un derrame cerebral, con secuelas de las que nunca se pudo recuperar del todo, a partir de lo cual se sumió cada vez más en el mundo de la pintura.

En 1995, Hollywood rindió tributo a su obra, de unas 25 películas y varios guiones, con un Oscar especial a la trayectoria.

Para entonces, Antonioni se encontraba físicamente frágil pero mentalmente agudo a los 82 años, incapaz de pronunciar más que unas cuantas palabras pero todavía apto para trasladar al cine su visión de la vida.

Zabriskie Point, una de las varias cintas en la trayectoria de Michelangelo Antonioni que se convirtieron en clásicos de la cinematografía mundial

El movimiento lento de la cámara que caracterizó su obra nunca fue un sinónimo de éxito en la taquilla, pero algunas de sus películas como Blow-Up, Red Desert y The Passenger perduran en el mundo del cine.

La exploración que hizo de temas intelectuales como la enajenación y el hastío existencial llevó a Halliwell de Film Guide a señalar que “L’Avventura”, la primera obra de Antonioni reconocida por la crítica, lo convirtió en “un héroe de los pensadores”.

Los críticos quedaron entusiasmados por la película, pero el auditorio expresó su desaprobación con silbidos cuando L’Avventura fue presentada en el Festival de Cine de Cannes en 1960. La más plana de las tramas, que merodea por el romance de una pareja, frustró a numerosos espectadores por la falta de acción y de diálogos, que era el sello característico de Antonioni.

“En los espacios vacíos y callados del mundo, él ha encontrado metáforas que iluminan los sitios silentes de nuestros corazones, y hallado en ellos, también, una belleza extraña y terrible; austera, elegante, enigmática y obsesiva”, dijo el actor Jack Nicholson en la entrega del Oscar especial a Antonioni. Nicholson protagonizó para el director italiano la película The Passenger en 1975.

Michelangelo Antonioni, al final de su vida

Antonioni se definió una vez como un director que no atraía a las masas. Según sus propias palabras, “la enfermedad de los sentimientos” fue el gran tema de su obra.

“Nuestro drama es la creciente soledad y la incapacidad de tener sentimientos verdaderos; y ese drama domina todos mis personajes”, comentó una vez. Y en otra oportunidad apuntó: “siempre hice las mismas películas”.

Es lo que suele ocurrir con los artistas: jamás logran desembarazarse de sus propios fantasmas.

En el caso de Antonioni, esos fantasmas, unidos a su estilo de narración fragmentada y su propia estética, dieron a luz más de una veintena de películas que no enriquecieron a los productores, pero sí enormemente al cine del siglo XX.

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