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Rodando Cine | 26 Mayo, 2017

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Inland Empire – El Imperio

Inland Empire, poster

Rodada en el transcurso de cinco años, sin un guión definido, en inglés y polaco, y utilizando una videocámara digital, el resultado es una cinta experimental poco recomendable para aquellos que no sean fans abnegados del director.

No crean que es una mala película.

Todo lo contrario, David Lynch ha efectuado uno de los títulos más estimulantes de los últimos años, pero que busca deliberadamente romper cualquier esquema narrativo que pudiera tener el espectador.

Esto provoca que tres horas de algo indefinible e ininteligible para el público no acostumbrado a un cine experimental, den como resultado un progresivo abandono de la sala.

Lynch es un director más interesado en la creación de atmósferas, texturas e imágenes perturbadoras que en contar una historia con una presentación, un nudo y un desenlace.

Inland Empire, foto

Inland Empire es entendida como una celebración de lo “lynchiano”, como un mecanismo meramente lúdico al servicio de los deseos (in)confesos de su autor y al gusto de unos fans ávidos por degustar planos incomprensibles, mundos paralelos aunque comunicantes, personajes bizarros y secuencias inescrutables.

Si por algo ha destacado David Lynch a lo largo de su carrera ha sido por su capacidad para, dentro de la abstracción y (aparente) incongruencia que regula a sus obras –fruto de una mente de artista total, donde el cine es un medio más de expresión-, construir engranajes que al ser recompuestos funcionan de manera perfectamente lineal, donde los detalles –objetos, personajes, situaciones- forman parte de una masa orgánica coherente y compacta.

De ahí que lo importante de “Inland Empire”, y por ende, de toda la obra lynchiana, no sea el qué, sino el por qué: el intento de descifrar cual es el significado de tales mecanismos, más que el desvelo de los mecanismos en sí.

Inland Empire, foto

“Inland Empire” podría ser asimismo la huida mental de una mujer encerrada en una habitación durante una situación límite –que la conectaría con los modelos de amnesia psicógena ya presentes en “Lost Higway” o “Mulholland Drive”-, la ensoñación de una rubia perteneciente a la white trash rural que desea convertirse en actriz, la maldición de una película que se cierne sobre sus personajes y termina por vampirizarlos, o incluso la televisión entendida como medio creador de sueños y de pesadillas.

Pero nos gustaría ver en “Inland Empire” algo más: una suerte de caja de resonancias de un presente multiestimular, donde todo tipo de representaciones tienen cabida, sumergiendo al individuo en un caos de ficción/realidad en el que ya no es posible distinguir qué medio nos está atacando: una perversa sitcom, el rodaje de una película, el filme en sí mismo, las calles de Hollywood, o un apartamento de Polonia.

Quizás sea eso lo que Lynch pretende explicar: nuestra sumisión ante un universo donde la información ha dejado de tener valor objetivo para convertirse en una herramienta de control, de manipulación, y por tanto, de miedo.

O quizás no.

Inland Empire, imagen

Un teórico del cine, Gerard Lenne explicaba que la diferencia a la hora de resolver el enfrentamiento Imaginación-Realidad entre el cine clásico y el moderno es que en el primero, el problema se resolvía mediante la fusión, la dosificación y la armonía, mientras que en el segundo se conseguía mediante la eclosión, la distorsión y la ruptura.

Posiblemente, con “Inland Empire” David Lynch haya rebasado ambos niveles y haya alcanzado una nueva meta: la de la Realidad y la Imaginación entendidas como una sola, dentro de un universo en el que ya ambas son completamente indiferenciables.

Mientras disfrutan del trailer de Inland Empire, les recomendamos ir mentalmente preparados al cine para entrar al psicodélico y perturbador mundo de David Lynch.

El Imperio
(Inland Empire, Estados Unidos-Polonia-Francia 2006)
Dirección, guión, fotografía y edición: David Lynch.
Con: Laura Dern , Jeremy Irons, Justin Theroux, Harry Dean Stanton, William H. Macy, Jan Hench, Bellina Logan (Linda), Amanda Foreman, Diane Ladd, Kristen Kerr, Julia Ormond
Duración: 172 minutos
Distribución en México: Artecinema

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