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Rodando Cine | 25 Marzo, 2017

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Documental: En el Hoyo

Documental: En el Hoyo

Documental: En el Hoyo
Realizador: Juan Carlos Rulfo

EN EL HOYO
Por Carla Espinosa

EN EL HOYO, es para los parámetros del cine mexicano, todo un logro técnico y visual. Es una película impactante de ver, moderna, pulsante con energía. Su manufactura de primer mundo retratando al tercer mundo es muy atractiva para los festivales y los mercados de cine de la actualidad. Es totalmente “trendy”.

Sin ninguna narrativa o intento de narrativa coherente, EN EL HOYO trata básicamente de un grupo de los miles de trabajadores que laboraron en la construcción del segundo piso del periférico del DF, los obreros que conforman el último eslabón en una cadena gigantesca, y que hacen un trabajo por el que lo más que reciben es un sueldo bastante miserable.

Juan Carlos Rulfo sabe cómo hacer visualmente atractiva una premisa de este tipo. No hay un solo momento en toda la película en que no estemos conscientes de la magnitud de la obra, incluso si no conoces bien el periférico. Tomas hechas desde las alturas, colgados junto con los obreros en las columnas, time-lapses larguísimos, y una banda sonora que no descansa. Cuando no estamos escuchando los ruidos propios de la Ciudad de México (que cualquiera que haya estado ahí, sabe que nunca terminan), escuchamos música hecha de los sonidos de las máquinas y los autos, algo parecido a lo que Björk hizo en Dancer in the Dark.

En ese sentido, EN EL HOYO es un éxito. Nunca una película me había hecho sentir tan “dentro” del DF. Cada escena tenía un eco de reconocimiento. Si has estado ahí, al ver esta cinta sabes que estás en el DF y no en ningún otro lugar. También logra transmitir la sensación de peligro de muerte constante, qué implica ser un obrero en un proyecto como este, donde la mitad del día se la pasan amarrados ante el precipicio y, como sucede en un determinado momento, muchos pueden caer hasta el fondo y tal vez no vivir para contarlo.

Todo esto es alternado con entrevistas de un grupo de trabajadores: unos cuantos obreros, un transportista, y una vigilante que noche a noche aguarda frente a los conos naranjas con la esperanza de no ser atropellada. Sus perspectivas son interesantes, como con la chica, que habla de los fantasmas de los obreros, muertos caminando cerca de la obra o el transportista, quién tiene un nivel de reflexión profunda que ayuda a simpatizar con él inmediatamente. Los demás, no tanto, y es ahí donde todo esto falla. Rulfo no se decide a conocer a estos obreros más allá de la superficialidad de sus respuestas esquivas y parcas a temas demasiado generales como el amor, el trabajo, la vida… Los obreros viven con una careta de vacilón y juegos, y no parecen tomar nada en serio. Esto es gracioso al inicio, pero conforme la película progresaba comencé a sentir inconformidad porque quería saber más de estas personas y la información nada más no llegaba. “El Grande”, uno de los obreros, habla de tener tendencias violentas y poca paciencia, pero nunca llegamos a saber nada más sustancioso de él. El principal problema es que los personajes no pasan de la caricatura, a veces grotesca, del albañil chilango súper cotorro. Para eso, no tiene uno que ir al cine, sino nada más darse un rol por la ciudad. Al evitar estos confrontamientos que le darían humanidad a los protagonistas, nunca podremos realmente conocerlos detrás de la máscara. Cuando a uno de los personajes le preguntan, “¿Y el amor?”, y su respuesta, en su totalidad es: “Todo bien, todo bien en el amor”, solamente se repite lo que ha sido evidente por un rato ya en la película, y es que estas personas no se abren ni a golpes y que bajo su respuesta escueta, hay una verdad compleja que no vemos nunca ni por asomo, y por lo tanto, a pesar de lo “profundo” o “trascendente” o “vital” que pueda ser el tema del que se les cuestiona, no se puede decir que realmente conozcamos a estas personas ni sus verdaderas opiniones debajo del cliché, y en ese sentido, ¿para qué entonces, centrar el documental en su punto de vista en vez de simplemente hacerlo como un testimonio visual de la construcción de una obra arquitectónica urbana gigante?. Pero bueno, tampoco arruina la película. Es bastante rica de ver y de sentir, como experiencia cinematográfica.

Escrito: Carla Espinosa
Vía: Alex Huerta

Sitio oficial

Comentarios

Comentarios

Comments

  1. .

    En cuanto a lo de la caricatura de los albañiles, por un momento pense lo mismo, que nunca pudo obtener una respuesta que no fuera una broma o un albur. Hasta dos momentos de la película: uno cuando les pregunta que si no les da miedo estar colgados; y la respuesta fue “pues si pero nos da mas miedo no comer el sabado”. Es una broma, pero cuando lo dice, los ojos se le ponen tristes y preocupados. Se me rompió el corazon.
    El otro, es cuando le preguntan al “chaparro” sobre dios, a lo cual responde “no somos nadie para verlo… pero lo vamos a ver algun día” hizo una pausa larga y pesada como si recordara que un dia va a morir, y como queriendo olvidarlo, le pregunta a uno de sus compañeros “pero todavía nos falta un rato, ¿verdad?…¿VERDAD?”
    A quien no le ha pasado eso? quein no se puede identificar?